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    A “La Novia del Atlántico” le han tomado el velo

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    Es sabido por todos que «La Novia del Atlántico» es la Provincia de Puerto Plata, y que ese seudónimo circunscrito en un eslogan que se le da a partir del crecimiento vertiginoso en el turismo de cruceros, que se repunta a través de la llegada al puerto local del buque «El Boheme», de la Commodore Cruise Line, el 18 de marzo del 1970.

    Al situarse como líder del turismo de cruceros y encontrarse situada en una península bañada por el Océano Atlántico, le bautizan como «La Novia del Atlántico».

    También, es bien sabido por todos que el traje de novia está integrado por el vestido y por el velo, como prenda de vestir frente a un altar y que al faltar el velo el traje está incompleto.

    En consecuencia, si Puerto Plata fue bautizada con el seudónimo antes expuesto y por las razones explicadas, pues es atendible que destaquemos que a partir del 1996, cuando empieza a declinar las actividades crucerísticas interpretemos que «a La novia del Atlántico le hayan tomado el velo».

    Ahora bien, ¿Quiénes?, ¿Cuándo? Y ¿Cómo? le tomaron el velo a la novia del Atlántico.

    ¿Quiénes? Los tratadistas o teóricos, las autoridades, los empresarios y la comunidad. ¿Cuándo? Cuando empezaron a confundir a un turista con un producto u objeto de mercancías, olvidándose que son seres humanos que sienten y padecen. Que advierten cuando son víctimas de estafas y engaños.

    ¿Cómo? identificaron al turismo sujetándose a la errónea tesis de que el turismo es una industria; llamándole inclusive, «la industria sin chimeneas», lo que motivó la empresarización del concepto del servicio; distorsionándose el trato afable, hospitalario y humano que admite todo individuo al visitar un lugar.

    Esa empresarización en el servicio, trajo consigo importantes inversionistas, pero que a su vez motivó agresivas competencias; generándose una pugna de intereses tan fuerte, que hasta se perdió de vista el daño que se le hacía al turismo.

    Todos recordamos, con mucha amargura, los enfrentamientos entre empresarios de la zona y los paros y pleitos entre transportistas, que se agredían sin importar que estuvieran frente a los turistas. A eso se le suma el de alterar los precios, el auto clasificarse de 5 estrellas sin tales condiciones, las ventas de tours operadores piratas sin ningún tipo de control, el atropello verbal a aquellos visitantes que reclamaban con sobradas razones, y todo esto a raíz de la concepción errónea de admitir al turismo como una industria y al turista como una mera mercancía, dejándose a un lado los criterios de un buen servicio.

    Sin embargo, como todo en la vida tiene un límite, y «lo mucho hasta Dios lo ve», a partir del año 2005 el gobierno dominicano decide intervenir a Puerto Plata, desarrollando «un plan estratégico de rescate», mancomunando esfuerzos con el sector privado y haciendo cuantiosísimas inversiones, tanto en infraestructuras como en la plataforma teórica de la humanización en el servicio.

    El Ministerio de Turismo, antigua Secretaría de Estado, se concentró en asumir el control total, en virtud a la facultad que le otorga la ley 541, para evitar que las pugnas de intereses siguieran destruyéndole el traje a la novia del Atlántico. Y aunque he de honor reconocerle que con las inversiones hechas se le ha logrado reconstruir el vestido, en mi visita reciente a Puerto Plata, invitado por el buen amigo y destacado comunicador social puertoplateño, Leonardo Medrano, para participar en los premios The Caribbean Gold Coats Awards, pude observar que a la Novia del Atlántico aún le falta el velo que le tomaron.

    ¡Hasta la próxima!

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