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    Danilo: ¿Entre Washington o Hipólito?

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    Es más que evidente que un sector importante del entorno del presidente Danilo Medina no desprecia la posibilidad de que el primer mandatario pudiese optar por empujar una reforma constitucional que le abra el camino a la reelección el año entrante.

    Una posibilidad de esa naturaleza no la echa por la borda ningún gobernante, mucho más si cuenta con elevadas cotas de popularidad, que es el caso del Presidente Medina.

    No hay duda, asimismo, de que la reelección consecutiva o con intervalos es una corriente que ha ido ganando terreno en América Latina en los últimos años, y en más de un país se ha establecido incluso de manera indefinida.

    Sin embargo, cada caso tiene su propia realidad y esta depende de la dinámica política de cada país.

    La dinámica política de la República Dominicana de estos días plantea una realidad distinta a la que prevalecía hace una década, cuando Hipólito Mejía se convirtió en el único presidente en más de medio siglo que fuerza una reforma constitucional para su beneficio.

    A la hora de decidir su futuro inmediato–el cual está indisolublemente ligado a su presente–el Presidente Medina tiene una gama de opciones, entre las cuales forzar la reforma constitucional para abrirle paso a su reelección, es la más complicada.

    Y lo es no porque el jefe del Estado no vaya a lograr esa reforma, sino por todo lo que ello engendraría en términos de desajustes, trastornos institucionales y en su propia imagen.

    Como ya se ha visto antes, la correlación de fuerzas no favorecería una tranquila reforma de la Constitución de la República, sino que habría que forzarla.

    Y es que en el caso remoto de que todo el Partido de la Liberación Dominicana se pusiese de acuerdo, aun faltarían votos en la Cámara de Diputados para lograr la mayoría calificada en la Asamblea Nacional Revisora.

    Esos votos están en las bancadas dispersas del Partido Revolucionario Dominicano y del –todavía proyecto—Partido Revolucionario Moderno, a cuyos dirigentes se les supone un mínimo de inteligencia como para no hacer viable el camino de la reelección.

    Me explico: Si las encuestas anticipan que el Presidente Medina derrotaría por amplísimo margen y sin ninguna discusión en la primera vuelta a todos los candidatos de la oposición aún juntos, ¿llegaría la torpeza de éstos a niveles patológicos de poner sus votos para la reforma?
    Se supone que no.

    Sin embargo, hay que decir la verdad entera y señalar que por lo menos Hipólito Mejía dejaría a sus legisladores en libertad de «negociar» su aprobación a una enmienda constitucional si avizora en el horizonte dos posibilidades.

    La primera: que no vaya a resultar ganador del evento interno del PRM—pautado para una fecha incierta–, y que en cambio el candidato de esa fuerza pudiera ser Luis Abinader.

    La segunda: que aun en el caso de tener más o menos asegurada la candidatura, los números le adelanten que sería derrotado por Leonel Fernández como candidato del PLD y fuerzas aliadas.

    Frente a ambas eventualidades, Mejía preferiría a Danilo, sobre todo ante un eventual retorno de su eterno incordio y aguijón emocional en que Hipólito ha convertido a Leonel.

    En cuanto al Presidente Medina, él tiene dos referentes a escoger: George Washington, que habiendo sido el líder de la fundación de los Estados Unidos prefirió retirarse tras sus dos períodos, pudiendo seguir sin oposición, o Hipólito Mejía que modificó la Constitución para su beneficio.

    Las opciones son claras para el Presidente, y no creo que su modelo vaya a ser Hipólito.

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