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    Memorias de Doña Ivelisse

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    Así heredó su vocación de maestra e intelectual. Doña Ivelisse Prats de Pérez fue engendrada y nació entre libros. La ex ministra de Educación narra que su padre, el intelectual Francisco (Panchito) Prats, mantenía la casa inundada de libros, incluyendo la cama matrimonial.

    No había espacio para otra cosa que no fuera obras y más obras. La madre de doña Ivelisse, Consuelo Martínez Bon (ensayista, educadora), compartía la actividad intelectual de su marido, pero se cansó de no tener espacio ni para dormir.

    Hubo una crisis matrimonial. La distinguida dama amenazó con divorciarse si Panchito no organizaba sus libros. El impase se corrigió.

    Reconoce que su padre claudicó ante el dictador Rafael Trujillo Molina, pues muchos de sus amigos intelectuales decidieron la muerte o el exilio en vez de ofrecer sus servicios al sátrapa.

    Sin embargo, su padre no persiguió a nadie. Tenía una honestidad sin igual. Como Panchito era uno de los pilares del trujillista Partido Dominicano, al caer la dictadura, el presidente Joaquín Balaguer le estaba dando dinero de los fondos del partido.

    Aunque con una situación económica precaria, Francisco no aceptó el dinero y respondió a Balaguer que el único heredero de los bienes de Trujillo es el pueblo dominicano y nadie más.

    Cree que con el fenecido presidente Salvador Jorge Blanco se cometió una injusticia histórica.

    Balaguer lo metió preso por corrupto, pero murió pobre. «¿Dónde fueron a parar esos bienes que se le atribuye haberse robado?», indica.

    Dice que a Fulgencio Espinal, un funcionario del gobierno de Jorge Blanco (1982-1986), se le acusó de desfalcar la Lotería Nacional, pero en su estadía en España no tenía ni para comer.

    Cuando acompañaba al líder perredeísta José Francisco Peña Gómez a Europa éste le decía: «Ivelisse, abre la mano» y le pasaba bien empuñados

    50 dólares para que se lo llevara a Fulgencio.

    Alcanza la edad de 84 años y 53 de militancia perredeísta. Cuando cumplió 50, lo anunció con alegría. Peña Gómez bromeó diciéndole que ella «es un peligro: la mujer que dice su edad es peligrosa».

    Se ríe y afirma que su vida está tan identificada con el Partido Revolucionario Dominicano que pueden publicar «una foto mía dándome un besito con Leonel (opositor político) y nunca dudarían de mi convicción perredeísta».

    El ex presidente Fernández es uno de sus discípulos, en cuanto a la formación intelectual.

    «Leonel Fernández se bebió muchos jugos en mi casa», expresa.

    Fernández era muy amigo de uno de sus hijos. Por su buena educación, ella le tenía mucho aprecio, siempre vivía prestándole y recomendándole libros que le sirviesen para su formación intelectual.

    Para el año 1989 su hijo y Fernández comparecían juntos a programas de televisión. El primero hacía análisis de economía y Leonel de política internacional, siempre bajo sus orientaciones.

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