A los 50 en República Dominicana “no se pasa”: trabajo

A los 50 en República Dominicana “no se pasa”: trabajo

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Sé que a todos les ha llamado poderosamente la atención del título que encabeza el presente artículo, pero antes de explicarles, de entrada quiero compartir con ustedes como acostumbro en mis escritos, la experiencia que viví el pasado 11 de septiembre del presente 2015, naturalmente la que me inspiró a la redacción de este “Tecleando” que ustedes leerán.

¿Qué ocurrió?

Mientras organizaba el índice de temas para los comentarios del programa radial EL ESTE AL DÍA, que se difunde de lunes a viernes, de 7:00 a 9:00 AM. por GUIA 97.9 FM, en la Romana y en todo el Este, me encontré en el periódico El Caribe con una información fechada con el 11/9/2015, en donde los destacados sindicalistas dominicanos Gabriel Del Río y Rafael “Pepe” Abreu, junto al prominente abogado defensor de los derechos humanos, Manuel María Mercedes, destacaban que “después de los 40 años se dificulta acceder al mercado laboral”.

Siendo enfáticos, en el sentido de que después de los 50 años de edad la situación para el obrero dominicano es más terrible aún, a razón de que no pasan o no aprueban para ocupar una posición por las siguientes razones: a) Rinde menos; b) Se enferman más y c) Hay que pagarle un mayor salario en el campo en que se le contrate por la experiencia acumulada.

Pues, “coincidencialmente”, cuando salí del programa de radio, y apenas minutos de haber llegado a la oficina, me visita un amigo a quien tenía mucho que no veía.

La situación económica se evidenciaba en su rostro compungido, en la expresión de su mirada y hasta en su manera de andar; parecería que en vez del poloshirt de color azul descolorido y de cuello “desgomado”, lo que cargaba era una mochila de piedras (la descripción la hago para ilustrar, no como burla).

Él se sentó frente a mí, con una timidez no propia de aquel hombre conversador que conocí hace unos 30 años atrás cuando estudiábamos juntos y cuando andábamos con noviecitas peinando los parques de la ciudad.

La satisfacción de ese reencuentro fue secuestrada por las condiciones que describo, pues al verlo, sin querer, hice una comparación con un reencuentro similar, pero para entonces aun yo no me había graduado de la carrera de derecho y mi medio laboral era otro.

Así es amigos y amigas, ese a quien tenía en frente en ese momento, no era ni sombra de aquel que vi hace unos 18 años atrás, pues en el primer reencuentro él lucía un rostro de bonanza, que se certificaba por la camisa marca “Polo”, la pistola que llevaba al cinto (aunque no la exhibía era notoria), el reloj y las demás prendas y hasta el perfume, describía que mi amigo estaba en sus mejores tiempos.

Para entonces, me abordó con su acostumbrado estilo: jovial, chabacano y de “habla mucho”, contándome que todo le había ido bien y que estaba como gerente de almacén de una cadena de hoteles en Puerto Plata.

Me satisfizo ver a mi “hermano” en la “papa”. -Que bien se siente cuando tus amigos progresan-, así le dije. Y él, que conoce que soy de “lengua suelta”, a los que también nos describen como “sincero”, se sintió bastante bien con mis palabras. Tanto así, que me invitó a que diéramos un paseo por la ciudad en su carro Mazda 323, carro de lujo para la época. Me pidió que dejara mi motocicleta Chappy 50, color verde, en la casa de mi madre, así lo hice.

Para entonces, mi amigo lucía un pelo bastante negro y un peinado a la moda, ahora, la cabeza esta forrada de canas, y aquella figura jovial se entoldaba por una vejez anticipada.

Cuando por fin entablamos el diálogo, después del efusivo saludo y de ese “flash” recordatorio de contrastes, me aborda diciéndome: “Hermano, discúlpame que venga a molestarte, pero vine a pedirte que me ayudes a conseguir un empleo, pues estoy pasando mucho trabajo por no tener trabajo. He perdido hasta a mi esposa, mi hogar, no te imaginas el viacrucis que estoy pasando hermano. Vendí mi casa y ahora vivo en la casa de un amigo, que vive en los Estados Unidos y me la dejó cuidando”.

Mi amigo seguía narrando con lágrimas en los ojos: “He ido a varias partes. He llevado curriculum a distintos lugares, pero en todos me dicen que por mi edad yo no paso, es decir no apruebo, no califico”.

Cuando le pregunté la edad, pues no la recordaba, me dijo: “Yo tengo 50 años”.

A seguida recordé la información que leí cuando estaba en el programa, la cual se titula: “Deploran se niegue acceso al trabajo a mayores de 50 años”.

Como pueden observar, a mi amigo le ocurre lo mismo que a todos los dominicanos que pasan de los 40 años de edad en la República Dominicana, que le cierran la posibilidad de lograr agotar su edad productiva, generando con esto la imposibilidad de costearle los estudios a sus hijos. Partiendo del estudio que plantea que en nuestro país es costumbre ser padre muy joven, ya a esa edad sus descendientes oscilan entre los 12 a 23 años de edad, lo que indica que los mismos dependen del salario de sus padres para su alimentación, estudios, salud, etc.

EL “NO PASA”, POR ASUNTO DE LA EDAD ES DISCRIMINATORIO:

Eso lo plantea el artículo 62 de la Constitución dominicana, que como salvaguarda de derecho al acceso en el mercado laboral reza lo siguiente:

Artículo 62.- Derecho al trabajo. “El trabajo es un derecho, un deber y una función social que se ejerce con la protección y asistencia del Estado. Es finalidad esencial del Estado fomentar el empleo digno y remunerado. Los poderes públicos promoverán el diálogo y concertación entre trabajadores, empleadores y el Estado. En consecuencia: 5) Se prohíbe toda clase de discriminación para acceder al empleo o durante la prestación del servicio, salvo las excepciones previstas por la ley con fines de proteger al trabajador o trabajadora”.

Sin embargo, amigos y amigas, una cosa es lo que impone nuestra Carta Magna y otra cosa es lo que hacen los empresarios en el país.

LO IRRACIONAL DEL “NO PASA”

Ellos (los empresarios) actúan de forma irracional, pues aunque parezca razonable la posición que asumen de no querer emplear a quienes por su edad no rendirán en el contexto de producción, con su actitud truncan la posibilidad de que haya recursos humanos calificados, en razón a lo que más arriba explico. Es decir, si le quiebra la posibilidad a los que suplen de medios para que la nueva generación pueda prepararse; entiéndase: si los que pagan la universidad, el colegio, el instituto no pasan, ¿Quién pagará la formación de esos jóvenes que relevan, por condición natural, a los empleados añejos?

Además, ese “No pasa” se convierte en un aliado por excelencia de la delincuencia, a propósito del abordaje del tema de la inseguridad ciudadana, mostrada en la carpeta de “preocupación” por los empresarios, a raíz de los atracos a bancos, compañías de transportes de valores, tiendas, etc., que se han suscitados en los últimos años.

Finalmente, ponderamos: es importante que los productores de empleos en nuestro país empiecen a hacer conciencia de que al permitir que los obreros dominicanos agoten su proceso biológico de su capacidad productiva, le garantiza dos cosas: 1).- Que al cerrar su ciclo pueda acumular lo suficiente para gestionar una pensión digna y 2).- Aportarían que sus empresas, al momento de relevar a sus empleados añejos, puedan contar con mano de obra calificada, por las razones antes expuestas.

Si así lo hacen, entonces podré escribir lleno de júbilo, sin las comillas y los dos puntos que separan la frase, que “A los 50  en República Dominicana no se pasa trabajo”, certificando lo que tal vez ustedes interpretaron cuando vieron el título del presente artículo.

¡Hasta la próxima!

 

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